Wednesday, November 21, 2012

Consecución temática e intratextualidad en "Los días secretos" de Bladimiro Centeno Herrera



Entre los tres primeros cuentos del libro “Días secretos” (Ed. Ornitorrinco, 2009), del autor puneño Bladimiro Centeno Herrera (1970), hay una consecución del tema de amor frustrado que se descubre en la complicación de los sucesos narrados.
“El retorno”, “Zona secreta” y “Mundo de cristal” parecen haber sido colocados estratégicamente en primer orden de este conjunto de narraciones de infidelidad, para descubrir una trama única segmentada en historias individuales, descubriendo que al final la insatisfacción es cotidiana, y el “amor”, solo un resumen de experiencias.
HISTORIAS COMPUESTAS
1.- Cuando Alberto Flores (El retorno) desarrolla sus acciones diarias, es interrumpido por la mirada de una mujer, Silvia; es, entonces, que se activan los recuerdos de este e inicia la historia de un amor trunco en un pueblito puneño, que progresivamente se extiende a la capital del departamento, así como los conflictos interfamiliares exacerbados por ese romance prohibido, y la consecuente separación de los jóvenes, que al menos durante una noche cumplieron su pasión, contenida por los padres de ambos. Seis años después, el hijo de ella y el matrimonio de él, son cicatrices de ese tiempo de ausencia (aunque el niño puede ser fruto de su amor), ahora “libres” de esa condena, pueden volver a unir sus vidas en secreto.
2.- Un encadenamiento de acciones clandestinas, desde una noche a la mañana siguiente (ZONA SECRETA) narradas en primera persona, muestra las vicisitudes entre dos amantes, que tras la cortina descorrida de pasión en el hotel Los Andes, tienen que enfrentarse a la realidad, un amor escondido no es un amor pleno para ella. El hastío de Celia se ve redimido por una beca que la alejará de la ciudad y también de él, quien no tiene el valor de retenerla ni abandonar su matrimonio para irse definitivamente con su amante. El día, con la claridad de la mañana, solo sirve para reafirmar la decisión tomada y la despedida sin sentimentalismos.
3.- El descubrimiento de una verdad contenida (MUNDO DE CRISTAL), significa para Carlos el retorno forzado a su vida conyugal, y el reflejo de una conclusión que se evidenciaba: regresaría finalmente a su hogar después del placer que le prodigaba Ana, su amante, una colega suya quien acaba de abandonarlo esa mañana. Ahora él comprende que ella marcó su vida, pero que debe continuar con la mascarada de esposo paciente y amoroso; y decide invadirse de esa ternura familiar en un ambiente de hogar honesto, pero nada podrá ser igual, ya los tiempos compartidos han dañado su sensibilidad. Finalmente, todo se quiebra, y decide merecer solo sus hábitos académicos con la lectura de un libro y extraer de él satisfacción.
COMPONIENDO UNA SOLA HISTORIA
Notamos pues cómo las tres historias obedecen a los preceptos de un solo cuento: la narración inicial sería la “exposición”; la segunda, el “nudo” o conflicto; y la tercera, el “desenlace”. Transcribiendo la historia: dos jóvenes se aman y al ser separados cada quien en su camino busca felicidad; años después con el retorno de ella, inician una relación encubierta ante el matrimonio del hombre, hasta que la amante decide terminar su desengaño: no es feliz, aún con quien pensó serlo por siempre; decidida lo abandona, y este regresa a su hogar para darse cuenta que la felicidad siempre le será negada.
Alberto es, a su vez, el tipo que narra después los sucesos amatorios en el hotel Andes, y también es Carlos, que se encarama en su yo interno, devastado, para no sufrir la desventura de saberse ajeno a la felicidad, aquella que se le ha vetado desde los inicios de su descubrimiento del amor por una mujer. Es el personaje polisémico que se atribuye la desgracia de amar sin conseguir el amor verdadero; en él se centran las maniobras de estas tres narraciones; su indecisión y su conformismo por no seguir su pasión, se confluyen para concretar su “soledad”.
La figura femenina de Silvia (joven provocadora y atrevida) se amalgama con Celia (mujer decidida y consciente de su papel de “la otra mujer), que es a su vez Ana, quien sublima (su verdadero amor) la existencia de este hombre (Alberto – él - Carlos), que es solo artículo de un destino premeditado por la sociedad, cerrada y enardecida con las relaciones ocultas que son juzgadas con una doble moralidad: a la vez permitidas por las costumbres arraigadas, y sentenciadas por guardar las apariencias. La mujer es cómplice, sin quererlo, predestinada a quebrar ese mundo frágil, que destruye desde la primera mirada de Silvia a Alberto.
No es casual entonces que “El retorno” deje un final abierto para los futuros amantes; como tampoco que en medio de los diálogos de “Zona secreta”, el narrador justifique su debilidad a ser feliz, diciendo: “…el mundo de cristal de mi mujer y la inocente alegría de mis hijos me alejaron de esa decisión...”; pero la conexión indiscutible es que “Mundo de cristal” inicia cuando el personaje Carlos acaba de ser “desechado” por su amante, luego de una noche juntos, al igual como termina “Zona secreta”.
El autor ratifica el asentamiento de esta relación furtiva al referir: “Silvia era la mujer que había marcado su vida (El retorno)”; en palabras del protagonista descubre la realidad que atosiga: “Me gustaría mantenerme en ese estado mental, sumergirme sin límites en el placer que me provee su cuerpo y borrar el mundo con todos los problemas (Zona secreta)”; y concluye, a pesar de lo vivido, que el amor clandestino trasciende: “Comprendió que aquel suceso amoroso no correspondía a una simple experiencia pasajera, sino a un tramo significativo de su vida (Mundo de cristal)”.
Finalmente, la historia combinada se resume en una sola frase: “… los amores cobardes siempre terminan así”.