Consecución temática e intratextualidad en "Los días secretos" de Bladimiro Centeno Herrera
Entre los tres primeros cuentos del libro “Días
secretos” (Ed. Ornitorrinco, 2009), del autor puneño Bladimiro Centeno Herrera
(1970), hay una consecución del tema de amor frustrado que se descubre en la
complicación de los sucesos narrados.
“El retorno”, “Zona secreta” y “Mundo de cristal”
parecen haber sido colocados estratégicamente en primer orden de este conjunto
de narraciones de infidelidad, para descubrir una trama única segmentada en
historias individuales, descubriendo que al final la insatisfacción es
cotidiana, y el “amor”, solo un resumen de experiencias.
HISTORIAS COMPUESTAS
1.- Cuando Alberto Flores (El retorno) desarrolla
sus acciones diarias, es interrumpido por la mirada de una mujer, Silvia; es,
entonces, que se activan los recuerdos de este e inicia la historia de un amor
trunco en un pueblito puneño, que progresivamente se extiende a la capital del
departamento, así como los conflictos interfamiliares exacerbados por ese
romance prohibido, y la consecuente separación de los jóvenes, que al menos
durante una noche cumplieron su pasión, contenida por los padres de ambos. Seis
años después, el hijo de ella y el matrimonio de él, son cicatrices de ese
tiempo de ausencia (aunque el niño puede ser fruto de su amor), ahora “libres”
de esa condena, pueden volver a unir sus vidas en secreto.
2.- Un encadenamiento de acciones clandestinas,
desde una noche a la mañana siguiente (ZONA SECRETA) narradas en primera
persona, muestra las vicisitudes entre dos amantes, que tras la cortina
descorrida de pasión en el hotel Los Andes, tienen que enfrentarse a la
realidad, un amor escondido no es un amor pleno para ella. El hastío de Celia
se ve redimido por una beca que la alejará de la ciudad y también de él, quien
no tiene el valor de retenerla ni abandonar su matrimonio para irse
definitivamente con su amante. El día, con la claridad de la mañana, solo sirve
para reafirmar la decisión tomada y la despedida sin sentimentalismos.
3.- El descubrimiento de una verdad contenida
(MUNDO DE CRISTAL), significa para Carlos el retorno forzado a su vida
conyugal, y el reflejo de una conclusión que se evidenciaba: regresaría
finalmente a su hogar después del placer que le prodigaba Ana, su amante, una
colega suya quien acaba de abandonarlo esa mañana. Ahora él comprende que ella
marcó su vida, pero que debe continuar con la mascarada de esposo paciente y
amoroso; y decide invadirse de esa ternura familiar en un ambiente de hogar
honesto, pero nada podrá ser igual, ya los tiempos compartidos han dañado su
sensibilidad. Finalmente, todo se quiebra, y decide merecer solo sus hábitos
académicos con la lectura de un libro y extraer de él satisfacción.
COMPONIENDO UNA SOLA HISTORIA
Notamos pues cómo las tres historias obedecen a los
preceptos de un solo cuento: la narración inicial sería la “exposición”; la
segunda, el “nudo” o conflicto; y la tercera, el “desenlace”. Transcribiendo la
historia: dos jóvenes se aman y al ser separados cada quien en su camino busca
felicidad; años después con el retorno de ella, inician una relación encubierta
ante el matrimonio del hombre, hasta que la amante decide terminar su
desengaño: no es feliz, aún con quien pensó serlo por siempre; decidida lo
abandona, y este regresa a su hogar para darse cuenta que la felicidad siempre
le será negada.
Alberto es, a su vez, el tipo que narra después los
sucesos amatorios en el hotel Andes, y también es Carlos, que se encarama en su
yo interno, devastado, para no sufrir la desventura de saberse ajeno a la
felicidad, aquella que se le ha vetado desde los inicios de su descubrimiento
del amor por una mujer. Es el personaje polisémico que se atribuye la desgracia
de amar sin conseguir el amor verdadero; en él se centran las maniobras de
estas tres narraciones; su indecisión y su conformismo por no seguir su pasión,
se confluyen para concretar su “soledad”.
La figura femenina de Silvia (joven provocadora y
atrevida) se amalgama con Celia (mujer decidida y consciente de su papel de “la
otra mujer), que es a su vez Ana, quien sublima (su verdadero amor) la
existencia de este hombre (Alberto – él - Carlos), que es solo artículo de un
destino premeditado por la sociedad, cerrada y enardecida con las relaciones
ocultas que son juzgadas con una doble moralidad: a la vez permitidas por las
costumbres arraigadas, y sentenciadas por guardar las apariencias. La mujer es
cómplice, sin quererlo, predestinada a quebrar ese mundo frágil, que destruye
desde la primera mirada de Silvia a Alberto.
No es casual entonces que “El retorno” deje un
final abierto para los futuros amantes; como tampoco que en medio de los
diálogos de “Zona secreta”, el narrador justifique su debilidad a ser feliz,
diciendo: “…el mundo de cristal de mi mujer y la inocente alegría de mis hijos
me alejaron de esa decisión...”; pero la conexión indiscutible es que “Mundo de
cristal” inicia cuando el personaje Carlos acaba de ser “desechado” por su
amante, luego de una noche juntos, al igual como termina “Zona secreta”.
El autor ratifica el asentamiento de esta relación
furtiva al referir: “Silvia era la mujer que había marcado su vida (El
retorno)”; en palabras del protagonista descubre la realidad que atosiga: “Me
gustaría mantenerme en ese estado mental, sumergirme sin límites en el placer
que me provee su cuerpo y borrar el mundo con todos los problemas (Zona
secreta)”; y concluye, a pesar de lo vivido, que el amor clandestino
trasciende: “Comprendió que aquel suceso amoroso no correspondía a una simple
experiencia pasajera, sino a un tramo significativo de su vida (Mundo de
cristal)”.
Finalmente, la historia combinada se resume en
una sola frase: “… los amores cobardes siempre terminan así”.
